Manifiesto

Este blog no nació para enseñar, nació para recordar

Este no es un espacio de respuestas.
Es un espacio de presencia.

No escribo para convencer,
ni para guiar,
ni para decirte cómo vivir tu espiritualidad.

Escribo para recordar.
Y para acompañar ese recuerdo en quien lo reconozca.

Aquí no encontrarás verdades absolutas,
ni fórmulas rápidas,
ni promesas de transformación.

Porque la transformación no se enseña.
Se habita.

Creo en una espiritualidad encarnada,
una que no huye del cuerpo,
una que no se disfraza de luz para evitar la sombra,
una que no necesita elevarse para ser verdadera.

Creo en la conciencia que se vive
en lo cotidiano,
en la emoción sentida,
en la incomodidad que despierta,
en la pausa que escucha.

Este blog es para quienes ya intuyen
que no vinieron a “mejorarse”,
sino a recordarse.

Para quienes saben que el despertar
no siempre es suave,
pero sí honesto.

Para quienes dejaron de buscar afuera
y empezaron a habitarse adentro.

No escribo desde un lugar de maestría.
Escribo desde la experiencia.
Desde la pregunta viva.
Desde el camino que se sigue andando.

Si llegaste hasta aquí,
no es casualidad.
Pero tampoco es destino.

Es resonancia.

Bienvenida.

Bienvenido.

Este es un espacio para leer despacio.
Para sentir.

Para recordar lo que ya sabes.

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